CASTO OCANDO El Nuevo Herald
Un error técnico de una corte de
inmigración salvó a una familia venezolana de una segura
deportación a su país, donde se considera perseguida por
partidarios del presidente Hugo Chávez. El caso reviste especial
importancia, pues podría sentar un precedente a favor de cientos de sus
compatriotas cuyas peticiones de asilo político han sido negadas o se
encuentran en un limbo migratorio.
La Junta de Apelaciones de
Inmigración, con sede en Virginia, decidió reabrir el caso de
asilo político que presentó Fernando Arenas, quien vino a Miami
con su esposa y sus dos hijas en el 2002, tras recibir amenazas de muerte en su
región natal del estado de Zulia.
La reapertura del expediente
permitió a los Arenas presentar la semana pasada un recurso de
emergencia para que un juez de inmigración revisara totalmente su
situación.
Si bien el caso ya fue considerado
''cosa juzgada'', una cláusula legal otorgará a la familia una
nueva oportunidad para demostrar no sólo que continúa en peligro
mortal, sino que también el entorno político en Venezuela ha
empeorado considerablemente desde que el caso fue cerrado en el 2005.
Cuando llegaron a Miami hace cinco
años, los Arenas pensaron que iban a dejar atrás un
capítulo violento y doloroso que vivieron en su país, pues
declararon que allí habían recibido amenazas de muerte por parte
de invasores que se identificaban como seguidores de Chávez.
La familia había laborado
por décadas en la productiva región del occidente de Zulia,
administrando una finca de una hectárea y media que mantenía
abundante pasto para ganado, y donde comenzaba a desarrollarse un proyecto para
la siembra masiva de palma aceitera, utilizada en la producción de
aceite vegetal.
A pesar de que los productores
habían frenado varios intentos de invasión de sus tierras, cuando
Chávez comenzó a promover la ocupación de terrenos ociosos
en el 2000, un grupo de personas ''invadió la finca y ya no salió
de ahí'', sostuvo Arenas, quien entonces tenía a su cargo la
gerencia de la empresa agrícola familiar.
Ese año, se vio obligado a
salir de la zona junto a su esposa Rosario y sus dos pequeñas,
después de que fuera objeto de un tiroteo ''de advertencia'' en un lugar
``donde todo el mundo anda armado y nadie paga los muertos''.
Eventualmente, la familia
perdió la propiedad, que continúa ocupada al día de hoy.
El proyecto terminó en el fracaso económico y los Arenas quedaron
en la ruina.
Pero las dificultades no se
acabaron con su llegada a Miami. Durante tres años estuvieron tratando
de convencer a las autoridades de inmigración de Estados Unidos de que
su vida corría peligro si los obligaban a retornar a Venezuela.
La solicitud de asilo
político que presentaron les fue negada varias veces, y ni siquiera una
batería de apelaciones fue suficiente para hacer que la opinión
del juez cambiara.
En agosto pasado, varios agentes
de inmigración acudieron a la casa de los Arenas en Cuttler Bay, al sur
de Miami, para recoger al grupo familiar y enviarlo en un vuelo sin retorno con
destino a Venezuela.
Pero los oficiales terminaron con
las manos vacías. La familia permanecía en un lugar secreto
mientras el abogado presentaba un recurso para reabrir el caso. Tenía
dos argumentos de peso. Uno era que la corte había cometido el error de
enviar la notificación de deportación de los Arenas a una
dirección equivocada dos años antes, por lo que la carta nunca
llegó.
''La corte de inmigración
decidió corregir el error, y al corregir el error se vieron obigados a
reabrir el caso'', explicó a El Nuevo Herald el abogado Alfondo Oviedo,
que asumió la defensa de la familia venezolana.
El segundo argumento fue
presentado como un recurso de emergencia una vez que el caso fue reabierto: las
condiciones políticas en Venezuela han cambiado radicalmente en los
últimos años y son cada vez peores.
''Hemos pedido que el caso sea
revisado de nuevo porque hay cambios en la situación de Venezuela, y eso
cambia las condiciones del país donde la persecución tiene
lugar'', dijo el jurista.
Oviedo dijo que como prueba
concluyente utilizaron las declaraciones emitidas recientemente por el general
Raúl Baduel, en el sentido de que la reforma constitucional propuesta
por el presidente Chávez constituye un golpe de estado.
''Baduel es el hombre que
reestableció a Chávez después del golpe de estado de abril
del 2002, y ahora es Baduel el que dice que Chávez se quiere entronizar
como dictador. Realmente hay un cambio'', dijo Oviedo.
Adicionalmente, la defensa
presentó en el recurso de emergencia una carta firmada por el arzobispo
de Mérida y directivo de la Conferencia de Obispos de Venezuela,
monseñor Baltazar Porras, en donde el prelado confirma que la familia
Arenas correrá peligro mortal si regresa a Venezuela.
''Si la corte de
inmigración reconoce que la situación en Venezuela se ha puesto
mucho más grave, y que la situación de esta familia venezolana es
tan grave que no pueden volver, ese mismo argumento puede usarse en miles de
otros casos de venezolanos'', dijo
Tony Revilla, un abogado de
Miami que fue fiscal federal de inmigración.
Revilla dijo que si la junta de
apelaciones decide revisar el caso a la luz de los nuevos cambios en la
situación política en Venezuela, ``esa decisión puede
usarse para reabrir otros casos de venezolanos que han perdido la
apelación para obtener el asilo político''.
El caso de la familia Arenas
está sirviendo también de inspiración a activistas pro
inmigrantes, para promover un programa de revisión de los casos de asilo
político de otros venezolanos cuyas solicitudes fueron rechazadas.
La líder de la Fraternidad
Americana, Nora Sandigo, quien junto con el abogado Oviedo se hizo cargo de la
familia Arenas para evitar su deportación, dijo que el caso le
sirvió para solicitar formalmente en septiembre pasado al Departamento
de Estado la activación de un programa de revisión de casos de
asilo político de venezolanos.
La idea es formalizar un Programa
de Revisión para Venezolanos, similar al que se instrumentó en la
década de 1990 para revisar los casos de los asilados políticos
de Nicaragua.
''El objetivo es detener las
deportaciones de venezolanos y lograr que los casos sean revisados uno por
uno'', dijo Sandigo, que durante la década pasada ayudó a lograr
que un programa similar protegiera a unos 40,000 nicaragüenses de la
deportación indiscriminada. |